Imprimir

Obra

Escrito por Rafael Pablos el . Publicado en Libro

 

Montajes fotográficos.

Cuando inicie mi obra fotográfica, tenia claro que por un lado no tenia equipo ni medios para realizar cierto tipo de fotografía, por otro lado me propuse hacer una obra más personal de forma que los tipos y estilos de fotografía que hacían otros fotógrafos, no me interesaban para mi línea de trabajo.

El fotomontaje resulto ser el medio ideal para mi, me permitía realizar obras mas personales, pudiendo salirme de lo puramente captado por la cámara y dar una visión de los temas mas personal.

Por otra parte y al correr de los años he buscado nuevas formas de expresión, tratando de encontrar líneas de trabajo que tuvieran su propia personalidad.

Mis primeros montajes realizados por el 1975, datan de una época donde corrían tiempos de lucha obrera, las huelgas de Renault y el panorama político en general, se refleja en algunas obras tales como “La unión”, “El clavel”y “La bala”

La colección de montajes mas apreciada para mi es la trilogía que yo denomino “de los círculos”: “La espiral, “Los círculos” y “La caída”. 

La dificultad técnica de conseguir la copia final fue muy alta , cada imagen requería una altura de la ampliadora y un tiempo de exposición distinto y he de confesar que me pase tres meses metido en el laboratorio, incluidos viernes , sábados y domingos, con la inmensa paciencia de mi mujer, para conseguir las tres copias.

Las tres obras fueron realizadas con el mismo negativo copiado sucesivamente sobre el mismo positivo.

La técnica de positivazo es realizar primero una plantilla guía con todas las imágenes dibujadas.

Algunas constantes se repiten en los montajes, tanto en esta como posteriormente en todas las series, tales como la mujer, el hombre, el cerebro y la naturaleza

Las obras “En el cielo” y “Torso” son un homenaje a la mujer representando el cuerpo de la mujer fundiéndolo con la naturaleza. 

“Embarazada” es un justo homenaje a la mujer como madre. El montar la imagen repetida progresivamente, representa la evolución del embarazo.

El hombre esta presente en numerosas obras, tales como “El cubo” en el cual, el hombre se sitúa en el cruce de todas las bisectrices de los planos del cubo formado por “cielos”. 

“La bala”, una obra creada en momentos difíciles en que el terrorismo estaba en uno de sus puntos más altos, no importaba a quien iban dirigidas las balas.

 

Retratos.

Nunca he sido un especialista en retratos, los hacia para incorporarlos después en mis montajes.

Mis retratos no son retratos como tales, entendiendo con esto la representación de la persona retratada. Los retratos son básicamente de mi propia familia, algunos tratados con técnicas de laboratorio como la solarización (efecto Sabatier) como el de mi mujer “Mari Carmen” y el de mi hijo “Rafael Pablos Ferreiro”, otros inocentes como el de “Niño con botijo” de mi hijo Roberto.

 

Blanco, gris y negro.

En esta serie buscaba una serie de obras donde con los menos elementos posibles, la mayor sencillez y simplificación pudiera decir “lo más posible”.

Bajo este prisma lo mejor era reducir la gama tonal, las formas, etc., así nació esta serie, donde las imágenes han sido reducidas a su mínima expresión y los fondos son veladuras en el laboratorio, creados con plantillas.

El Camino fue la primera obra y el árbol se repetirá en progresivas obras.

La mano que abraza un filo imaginario será otro elemento de la serie que con la cadena aparecerá en varias obras.

Frente a frente ó juntas, la vida y la muerte, se nos presentan en otras obras.

 

Cuadros.

Esta serie nació del deseo de representar un mosaico de imágenes, donde la imagen principal se perdiera al mirar el mosaico de cerca, adquiriendo mas relevancia las pequeñas imágenes y, en forma contraria, alejándose del mosaico la imagen en conjunto gana significancia”

Las dos primeras obras corresponden a este criterio, el resto de obras caminaron por otros derroteros.

La obra de “La silla” nació a partir de la silla de mi abuelo Monge, quise darla un paseo por el espacio de ida y vuelta.

La obra “Los árboles”, tratada con la misma técnica de la anterior, es como una expansión ó una compresión, según lo queráis interpretar.

“La familia” nació de la obra del mismo nombre de la serie de los fotomontajes.

 

Tierras.

La serie tierras nació en un momento delicado para mi.

Mi mujer había fallecido en el 87, mis hijos estaban en un internado y sólo tenía a mi madre alguna temporada. 

De la tierra descubrí la riqueza de tonos que puede adquirir.

Esta serie tiene un poco de escultura temporal creada para ser perpetuada sólo por la cámara.

La técnica consistió en cribar tierra de diferentes colores, que en la copia al blanco y negro se transformaban en diferentes grises.

Mezcladas en el suelo para dibujar las formas que me interesaban en cada obra.

Todas las obras tienen algún elemento real que complementa la lectura del conjunto.

En las primeras obras, unos viejos condensadores y transformadores de radio se comunican a través del hilo conductor que le une.

Los condensadores son el elemento variable que hace que podamos seleccionar las diferentes ondas que están en el espacio.

A través del hilo manipulado y ampliado por el transformador, el altavoz nos anuncia y ordena lo que llega a través de ese hilo.

Es posible qué esto tenga algún paralelismo con los medios de comunicación actuales, o no?

En el “Desnudo”, las flores rojas que forman el pubis “pendientes de la reina” con su intenso color, estaban destinadas para esta obra.

¿Corazón de latón… ó de chips electrónicos? De alguna manera nuestro corazón se mueve a impulsos eléctricos.

Lo importante es como nuestro cerebro lo gobierne.

¿Que es lo que mueve las masas? : El dinero.

¿El rayo destruirá la flor ó la creara?

Seguro que habrá dos puntos de vista.

“Año 2532” una visión pesimista del futuro, espero equivocarme.

“El Hombre” obra cruda, pero es real como la vida misma, el hombre es el depredador por excelencia.

A Valladolid llego aquel año una exposición de Joel-Meter Witkin a la sala de Las Francesas, me impresiono tanto que la visite media docena de veces.Esta obra estaba dedicada a él, representado por la gran cabeza que nos enseña a los demás su buen hacer.

Witkin, Maestro: te escuchamos.

 

Puntas.

Esta serie nació poco a poco, de las primeras composiciones con puntas y tornillos, pase a incorporar pequeñas ramas y algodones que emulaban al cielo.

Fue la obra de “La pareja” donde las puntas y su proyección tomaron la evolución del resto de la serie.

Cartulina, puntas y una ó dos fuentes de luz fueron los elementos que dieron vida a estas obras.

Imprimir

Sobre el Libro

Escrito por Rafael Pablos el . Publicado en Libro

La  construcción de un mundo

Cualquier obra fotográfica es, en el fondo, una forma particular de explicar o interpretar el mundo. Pero es cierto, en otro sentido, que buena parte de la producción fotográfica que arranca en las primeras décadas del siglo XX, y que continúa hasta nuestros días, añadió a esta necesidad otras reflexiones acerca del propio medio fotográfico y de sus posibilidades como lenguaje. Es decir una mirada hacia adentro, el propio medio; y otra hacia fuera, la realidad exterior.

En la obra de Rafael Pablos vamos a encontrar estas dos vías de abordar lo fotográfico o de relacionarse con el mundo a través de la fotografía. Más de treinta años haciendo fotografías son tiempo suficiente para que podamos acercarnos a la obra de este fotógrafo con la esperanza de encontrar una determinada narración de la existencia humana, o incluso un poco más allá, la construcción de un mundo propio. Porque esta es la sorpresa que deparan las imágenes reunidas en este libro, que contienen un mundo absolutamente particular, contado mediante un lenguaje personal y que no ha renunciado al compromiso con las grandes causas de la humanidad.

Pero estamos ya en el punto de llegada y para comprenden mejor todo esto es necesario remontarse a los inicios, al punto de partida, a los orígenes que todo fotógrafo tiene. Todo ese tiempo en el que llena su maleta mental de las imágenes que le impresionan o le inquietan, aquel tiempo en el va decidiendo, no siempre con paso firme y a menudo con muchas dudas, qué vías de las que conoce va a transitar, para que con el trabajo de muchos años se vaya generando y depurando un lenguaje propio.

Rafael Pablos ubica sus orígenes en algunas de las corrientes artísticas aparecidas a partir de la segunda década del siglo XX. Las denominadas vanguardias artísticas fueron los primeros intentos de aplicar la técnica fotográfica, en un plano de igualdad, a la producción artística del momento. Dadaístas, surrealistas, constructivistas o la Bauhauss plantearon un nuevo lenguaje fotográfico que recurrió a menudo al fotomontaje. Raoul Haussman o John Heartfield usaron esta técnica como arma revolucionaria, crítica y agresiva, mientas que Moholy-Nagy o el Lisitsky lo hacían con mayor frivolidad.

En España hubo también una interesante escuela de foto montadores. Josep Renau, Pere Catalá Pic o Nicolás de Lekuona, cada uno con su estilo propio, tomaban una posición activa ante el mundo, en unos momentos especialmente convulsos y difíciles -durante la Guerra Civil-, con la intención de influir con sus montajes en la realidad misma. El arte es un cuchillo que penetra en todos los corazones, planteaba Louis Aragón, uno de los principales ideólogos de la corriente surrealista.

Y si la técnica y los contenidos de los fotomontajes que hemos citado se encuentran en los inicios del trabajo de este fotógrafo, encontraremos otra notable afinidad, que se produce muchos años después, y que se basa en la idea de construir la realidad para más tarde fotografiarla. En el fondo existe una cierta continuidad ideológica con los primeros trabajos de fotomontaje, pero aquí se rompe con la “pureza de origen” de lo fotográfico, es decir de una toma fotográfica que se utiliza o se manipula.

Con esta segunda línea de trabajo nos encontramos ante una metáfora que renuncia a partir de la realidad observable, fabricando una nueva realidad que, a través de la fotografía, se nos presenta de nuevo como una reflexión sobre la vida.

Llegados a este punto, vamos a tratar de aportar algunos datos que nos permitan conocer mejor a Rafael Pablos. Estamos ante lo que se ha denominado comúnmente como un fotógrafo amateur, término que define a aquellos fotógrafos que no han dado un uso profesional a esta ocupación. Pero no es menos cierto que acudiendo al origen del término descubrimos su auténtico sentido: el que ama lo que hace, el que sólo lo hace por amor, y no por el beneficio material que la actividad le reporta.

Por otra parte es cierto que la obra artística siempre es una consecuencia de la personalidad del artista, o dicho de otra forma, que los rasgos de su carácter quedan adheridos al proceso intelectual y lo condicionan en buena medida. En el caso del fotógrafo que nos ocupa esto es absolutamente comprobable y especialmente relevante a la hora de interpretar su trabajo.

Cualquiera que haya conocido a Rafael Pablos sabe que es una persona habilidosa, especialmente diestra para construir cosas con las manos, pero lo más sorprendente es su capacidad para concebir soluciones y estrategias que finalmente se concreten en mundo físico, en el funcionamiento de los artefactos. Lo fabrica todo, todo lo que interviene en el proceso fotográfico: desde el laboratorio, las máquinas fotográficas y demás objetos del proceso, hasta la realidad que finalmente fotografía. Una especie de círculo permanente que contiene, en mi opinión el anhelo de ordenar el mundo, de mantenerlo bajo un cierto control.

Rafael Pablos nunca ha sentido atracción por aplicar a sus fotografías esa mirada rápida e intuitiva de la que hablan algunos fotógrafos: la facultad de capturar el instante, lo que interesa de la realidad en un golpe de intuición. De hecho creo que Rafael Pablos no mira fotográficamente con los ojos, la realidad inmediata le interesa poco para sus obras. Su mirada es bastante más reflexiva, cerebral, fruto de un proceso lento y minucioso, en el que la fotografía existe de manera completa primero en el pensamiento del autor y más tarde se ejecuta. Es decir, en las fotos de los primeros años se piensa, se fotografía y se compone; y el las del último período, se piensa, se fabrica y se fotografía. En realidad esta fragmentación del proceso es una forma de explicar lo que en la cabeza del fotógrafo es un continuo. 

Pero ¿cuál es este mundo personal del que nos habla Rafael Pablos en sus fotografías? Podemos decir, para empezar, que desde los inicios su iconografía se ha nutrido de elementos próximos: su familia –de forma casi obsesiva-, su casa, sus objetos, su pueblo. Incluso vemos como los escenarios naturales en los que ubica inicialmente sus montajes van cediendo su lugar a masas grises que funcionan como paisajes metafísicos, por supuesto construidos.

La mayor parte de las fotografías que aquí vemos, desde las más tempranas, están dotadas de una gran carga simbólica. La elección de los elementos que construyen sus fotografías muestra una clara toma de postura ideológica acerca de los grandes temas y por supuesto una reflexión acerca de éstos. La vida, la muerte, el nacimiento, la paz, el futuro, el tiempo, el camino, el dolor, o metáforas algo más sutiles como las mariposas, palomas o árboles. Todos ellos temas de grueso calado, sobre los que nos propone reflexiones aparentemente sencillas, pero de gran rotundidad.

Un poco más allá de estos grandes temas, también encontraremos un buen número de imágenes que nos permiten hablar de una simbología algo más personal, de un carácter menos universal. Me refiero a las series del cerebro o de los huevos.

Otros elementos, como son las cuadrículas o las repeticiones seriadas, nos hablan de lo que yo creo una constante en la obra de Rafael Pablos: el anhelo de ordenar el mundo, de dotar de una determinada coherencia a la existencia.

Y todo ello desde una inclinación a la reflexión que no resulta precisamente optimista. Hay que reconocer que sus fotografías no son imágenes alegres y que este es uno de los aspectos de su trabajo que, a mi juicio, lo dotan de mayor consistencia e interés. Apenas vamos a encontrar concesiones, elementos que no pertenezcan al núcleo duro del discurso, que por otra parte se ha mantenido coherente durante tantos años.

Quizá el único alivio, o guiño a la esperanza, lo encontremos en la ironía con la que adorna buena parte de estas propuestas.

 

Ricardo González